Un hombre 34415

Varias veces se me ha pasado por la cabeza escribir una carta para este blog, pero pienso que igual no interesa lo que voy a escribir y lo dejo. También he escrito esta carta porque acabo de cumplir 25 años y quería dar las gracias a las personas que han contribuido a que esté viviendo un momento muy feliz en mi vida. Nací en la primavera de en una familia tradicional y muy religiosa a Rouco se le caería la baba. Aunque a algunos les pueda parecer extraño, para mis padres, yo era un regalo de Dios. El Papa me cogió en sus brazos y me bendijo. Todavía ahora, cuando voy a casa de mi madre y veo la foto, no puedo evitar sonreír al ver al Papa con un bebé mariquita en sus brazos.

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Y bueno, a los de siempre, que ya sabéis quiénes sois. Sin vosotros nunca hubiera llegado hasta aquí, en condiciones de hacer lo que me gustaría llamar cómicamente mi inmolación por la causa. Y tenéis razón. Lo hago porque sé que hay decenas de chicos y chicas, por debacle muy jóvenes, que en este edad sufren en sus clubes una discriminación sobre la que todos estamos volcando un velo de silencio vergonzante. Me gustaría no tener que estar redactando estas líneas —mientras tiemblo de pies a cabeza— porque otra persona ya hubiera tenido la valentía de hacerlo cuando yo era un chavalito efebo.

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